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29.6.13

FRAN GARCÍA: "LOS DOS CENTROS DE GRAVITACIÓN DE MI POESÍA SON EL AMOR Y LA MUERTE"


Entrevista de Júlia Rosa
El pasado sábado 22 de junio, el escritor alicantino Francisco José García Quinto presentó su segundo libro de poesía “Sol gris y los horizontes extinguidos” en la librería Libros 28 de San Vicente del Raspeig ( Alicante). Un poemario compuesto por sesenta y nueve poemas y cuatro relatos de prosa poética, editado recientemente por Germania editorial, para su colección Viaje al Parnaso. Se trata de un libro con alma, de resonancias mágicas y profundidades no descubiertas, que exige una lectura delicada para extraer alguna pequeña luminosidad entre tanta locura de tinieblas y niebla engrisecida como el humo imposible de ese sol que tanto busca y anhela el poeta.

Julia Rosa : “Sol gris y los horizontes extinguidos” es una selección de  poemas de difícil clasificación. Podemos encontrar poesía crepuscular, poesía oriental, referencias surrealistas e incluso góticas.¿ A qué se debe tanta diversidad?
Francisco- José García Quinto: Creo firmemente en la idea de que el alma humana contiene muchedumbres, que todo lo que vivimos, soñamos, pensamos o sentimos queda consignado en ella y esa es la principal razón por la que busco reflejar esa variedad existencial a través de la experimentación con las formas. De modo que mi obra es profundamente desigual, imperfecta, eternamente inacabada porque las palabras están así de vivas. En cuanto a mis referencias e influencias seguro que son muchas más de las que citas, prácticamente todo lo que sé lo he aprendido de los demás, de los muertos y de algunos vivos.
Julia Rosa: Podíamos decir que los poemas se articulan en base a dos temas recurrentes de la literatura universal: el tempus fugit y el carpe diem. Una temática que se ajusta muy bien a los tiempos que nos ha tocado vivir. ¿Cómo se entrecruzan sentimientos y realidad social en tu obra?
Francisco- José García Quinto: Mis principales tópicos literarios no son nada originales, soy muy convencionales en el aspecto puramente humano e incluso literario. Los dos centros de gravitación de toda mi poesía son el amor y la muerte, algo que es un frecuente denominador común en muchos poetas, luego cada uno le da su toque personal, el matiz de su propio individualismo. Me interesa mucho el amor como deseo de realización vital e ilusión compartible y la muerte como frontera o como destino o consecuencia. Aprender a vivir consiste en saber renunciar con alegría, en saber abandonar los deseos a tiempo o convertirlos en realidad, en aceptar lo que somos y ya nunca más seremos o lo que seremos y nunca fuimos. Esto aplicado a la realidad social implica que sepamos crear entre todos los cambios necesarios para que se reduzcan las desigualdades, se acaben los grandes privilegios y se elimine la absurda y excesiva red de burocracia y corrupción que asola Europa y esta pseudodemocracia impuesta por el capitalismo neoliberal.
Julia Rosa: La poesía de “Sol gris y los horizontes extinguidos” tiene diversas lecturas. Una interpretación que vaya más allá de los tópicos de siempre, podría ser la consideración del libro como una especie de diario de la crisis. Una crisis aparentemente sin salida, que requiere grandes dosis de buena voluntad. ¿Sólo el amor nos salvará?
Francisco-José García Quinto: Crisis es una palabra muy importante en la vida de todas las personas, proviene del griego y significa “cambio”. Desde pequeño fui muy sensible y consciente a todos los cambios y lejos de temerlos, los considero una oportunidad para aprender, para conocerse mejor a uno mismo y para seguir evolucionando. En ese sentido si podemos considerar el libro como una especie de diario de una crisis, en este caso personal. Una crisis inextinguible y no por ello negativa, sino necesaria. Los medios de formación de masas en cambio utilizan la crisis solamente en sentido peyorativo y lo hacen para crear miedo, porque el miedo hace que las personas sean más sumisas y más dominables por el poder. Por supuesto que la crisis socio-económica que nos venden las élites y en realidad es una gran e injusta estafa, da profundo asco y muchísima rabia, pero ni mucho menos pienso que no se puede cambiar, es más estoy convencido de que lo hará en breve, pero nos estamos jugando mucho, de ahí la importancia de seguir luchando contra un mundo en blanco y negro en el que solamente caben ricos y siervos. El sistema está poniendo a mucha gente de rodillas y hemos de ser conscientes de qué está pasando y por qué. Claro que hace falta voluntad y amor para acabar con esto. La voluntad nos lleva a la acción y el amor es la brújula que guía a esa voluntad. El amor es lo que da sentido a esta existencia y si tenemos amor por nosotros mismos, por nuestros seres queridos y por los que están por venir, debemos seguir en pie de guerra, sin reblar jamás.
Julia Rosa: A veces tu poesía describe una secuencia sentimental de carácter cíclico. Explícanos un poco su lógica.
Francisco- José García Quinto: Creo que mi poesía es tan libertaria como lo son mis sentimientos. Simplemente fluyen, suceden, yo intento subirme a las mejores olas para ver un horizonte que no se deje extinguir. Cuando no consigo esto, pues simplemente escribo, intento buscar explicaciones o me las invento, llego a conclusiones erróneas, intento abrir varias veces el coche que no es el mío o directamente olvido donde aparqué el corazón. No busques en mi poesía una lógica que jamás tendré.
Julia Rosa: “Sol gris y los horizontes extinguidos” es un libro plagado de simbología. En la portada encontramos dos ejemplos bien claros: el título y el diseño de la portada. ¿Cuál es su significado?

Francisco-José García Quinto: La poesía es un doble juego de diferentes planos formales, de significados denotativos y connotativos y a mí me divierte jugar como un niño y combinar sonidos, imágenes, concatenar significados y simbologías varias con una intención estética de corte expresionista. Gracias a la polisemia y a los infinitos universos isotópicos aprendo a amar el riesgo que conlleva equivocarse en verso e incluso fuerzo las equivocaciones para comunicar sensaciones, estados de ánimo o pulsiones de todo tipo de las que quizás no somos demasiado conscientes. Eso es lo que trasluce detrás de los símbolos, pero cada uno encontrará lo que quiera o lo que pueda, porque al final los libros son como espejos interiores. Respecto a la portada, debo decir que fue una idea de amigo y gran diseñador Javier Navarro Climent. En ella podemos ver un sextante, que es un instrumento astronómico para las observaciones marítimas, tres frases en latín y un hombre sentado en un extremo intentando divisar algo, supongo que un sol gris o un horizonte extinguido. El significado de la simbología es el siguiente : Lean, lean y lean y autosignifíquense a su propio gusto.
Julia Rosa: Como hemos recordado al principio de la entrevista, la primera presentación tuvo lugar en San Vicente del Raspeig, pero supongo que debes de tener una agenda de presentaciones preparada. ¿Dónde y cuando será la próxima presentación?
Francisco-José García Quinto: Si, en efecto, la de hoy ha sido la primera presentación del libro y más adelante tenemos previsto realizar varias presentaciones más tanto en la provincia de Alicante (Orihuela, Elche, Alicante, Albatera y algún otro municipio por confirmar), como en Murcia, Valencia, Barcelona, La Coruña o Madrid entre otros lugares. Las personas interesadas en asistir a alguna de estas presentaciones, podrán consultar próximamente las fechas en la página web de la editorial Germania, y en mi Twitter personal @garquinto.
Julia Rosa: Ha sido un placer que nos hayas abierto tu corazón de una manera tan natural. Mucha suerte y ánimo con el libro. 

Francisco- José García Quinto: Muchas gracias a vosotros, ha sido un placer.

20.5.13

MANUEL GARCÍA PÉREZ. “EL PROCESO DE LA ESCRITURA ES AGOTADOR Y DESTRUCTIVO”



Para el poeta de Orihuela, Manuel García Pérez, la poesía ha sido siempre un ejercicio de autodestrucción. Lejos del placer, la escritura es una necesidad que lo sumerge en espacios desolados, en estampas turbias donde los osarios, el crimen, lo apocalíptico, la frondosidad frente a la sequía se convierte en símbolos premonitorios de una existencia en continuo conflicto como la vida entendida como efusión o exaltación.

P. - ¿Cuéntame los pormenores del proceso de escritura de tu poemario?
 Manuel García Pérez.- Es un proceso complejo de muchos años. Destacaría que, en mi caso, el proceso de la escritura es agotador y destructivo. A diferencia de la narrativa, la poesía está determinada por un presentimiento, por una visión obsesiva que intentas inútilmente traducir en palabras. Existe un espacio en nuestra memoria, que algunos neurólogos califican como memoria procedimental, donde los pensamientos no son traducibles a palabras, pero lo que allí se aloja influye en nuestra conducta. La poesía responde a ese espacio donde emergen sentimientos que solamente el símbolo puede expresar, pero repito, inútilmente.
P. - ¿Porque has elegido este título?
 M.- Porque refleja, aludiendo al Barroco, lo que ha sido mi vida cuando miro atrás. Mi vida es un rastro de ausencias, pero también de tiempos dichosos, donde el paisaje, la luz y la vida sencilla con los míos me han ayudado a sobrevivir. Pero presiento que el futuro está lleno de incertidumbres y las ausencias regresan con su sombra de recuerdos. A veces esa sensación es asfixiante. La muerte de mi padre y de mi abuela materna, que cuidó de mí desde la infancia, han creado en mí un halo de desencanto hacia el mundo. Pero, por otro lado, mis hijos me empujan, así como la propia literatura, a seguir en el fulgor.  La luz es símbolo de plenitud, pero los escombros son esa resonancia de muerte que permanece en mi escritura. Y esa contradicción me destruye lentamente.
P. - ¿Cómo has estructurado el libro?
M.- Quería que Luz de los escombros fuera sobre todo una reflexión sobre la escritura, sin olvidar algunos poemas donde invoco a las ausencias que significan tanto en la vida de todos. Además, la escritura del poemario, por su largo trabajo, desarrolla un mundo cerrado donde los ahorcados, el limbo, la tierra, las acequias y las aves configuran un mundo autónomo, que es precisamente lo que ha destacado la crítica a nivel nacional. El poemario está concebido desde esas constantes: los ausentes, la escritura como forma inútil de nombrar cuanto existe y el paisaje de la alucinación que reflexiona sobre los dos temas anteriores.
P. - ¿Crees que un poeta es lo que lee?
 M.- Al poeta, a diferencia de quien narra o escribe un ensayo, lo mueve el trance, un estado hipnótico y obsesivo que te obliga a escribir. Sin embargo, las lecturas son una escuela, una forma de canalizar, con palabras, lo que sientes y presientes. A mis alumnos les enseño a que interioricen las metáforas de otros autores porque es la forma de expresar lo que no se puede nombrar con la prosa. En Luz de los escombros, hay muchas resonancias de narradores como Cormac McCarthy y Onetti; sin embargo, mi poesía está influida por autores clásicos como Herrera y Aldana y por contemporáneos expresionistas como Trakl, Celan, Char o José Luis Zerón. No podemos negar que la escritura y la lectura se retroalimentan; para escribir sin conocer, hay que conocer. Miles Davis lo tenía claro: toca aquello que no conoces. Lo auténtico, lo espontáneo, necesitan esfuerzo, trabajo, intertextualidad y escuela.


P. - ¿Te encuentras más a gusto escribiendo verso libre o prosa poética que versos con métrica y rima o te resulta indiferente?
  M.- El verso surge como un estado. La eficacia técnica y el ajuste formal provienen tras muchas revisiones. En el caso del poema, necesitamos la incandescencia, el fruto de la nada como describían los místicos, para comenzar a avanzar en la métrica, en los recursos, en la calidad del mensaje. Pero es muy difícil diferenciar forma de contenido. Se trabaja con las dos categorías al mismo tiempo y, en ese proceso,  es donde se encuentra el auténtico trabajo poético; en nombrar continuamente el mundo, revisando, construyendo y destruyendo, buscando todas las posibilidades. Finalmente, obtienes un poema que es una resonancia de lo que será en tu interior y para el lector. Los poemas nunca están acabados.
P. - ¿Cuál es el mejor elogio que te han hecho como poeta? ¿Cuál la peor crítica?
M.-   Toda la crítica y muchos creadores (Javier Puig, José Luis Zerón, Miguel Veyrat,  Justo Sotelo, Luis Muñoz, por ejemplo) coinciden en la autonomía simbólica del poemario, en la dureza de las imágenes, en el estado de desasosiego. Les sobrecoge la recurrencia a esos símbolos como si fueran parte de un imaginario que he madurado durante mucho tiempo. Señalan que Luz de los escombros era  un poemario necesario por su rotundidad, por su severidad y por su carácter apocalíptico porque parece que la escritura ahora está marcada por un buenísimo y una autocensura que evita profundizar en temas como la muerte, el suicidio y la enfermedad. Escribí lo que necesitaba escribir. En cuanto a críticas negativas, por ahora, y eso me inquieta, no he recibido ninguna en prensa escrita, salvo que la dureza de algunas imágenes ha conmovido a algunos lectores que no esperaban ese simbolismo de un creador joven.
P. - ¿Cuáles son los grandes temas que como poeta te preocupan?
M.-  Me preocupan aquellos temas que la sociedad actual considera como tabú. La literatura debe reflexionar sobre preocupaciones existenciales que el consumismo y las estructuras políticas callan por intereses ideológicos. La literatura debe ser reflexiva, no meramente un entretenimiento. La escritura debe ser cautivadora, herir y traspasar. Una persona no debe ser la misma después de leer a una autora como Virginia Woolf o a un creador como Dostoievski.  Hay espacios en nuestra sociedad actual que la literatura ha de debatir como es la ausencia, la irracionalidad, lo instintivo, el sometimiento, la enfermedad y parece que la literatura actual obedece a consignas establecidas por editoriales. Se escriben y publican muchos libros. No sé hasta qué punto estamos haciendo literatura. No sé cuántas de las publicaciones que ahora se “consumen” se podrían salvar de la hoguera cervantina. De todas maneras, es una opinión como crítico y filólogo. Como creador, aún me considero un aprendiz.
P. - ¿Qué libro te gustaría haber escrito? Y qué no querrías haber escrito nunca?
 M.- Tengo varios trabajos pendientes que, gracias a Germanía, van a ver la luz y me hace mucha ilusión. Estoy a punto de acabar una novela para adultos que quiero que vea la luz en breve en la que reflexiono sobre el arte y el lenguaje junto a experiencias vitales extremas. Porque, hasta ahora, he trabajado mucho con ensayo, poemas y narrativa juvenil, pero necesito dar ese salto y editar una novela. Lo que nunca querría haber escrito es un poema que hay en el libro dedicado a la muerte de mi padre. Murió con 56 años.
P. - ¿Cuál de los poemas que publicas en este libro nos recomiendas y por qué?
M.-  Luz de los escombros es un gran poema en sí mismo. Cada poema es un fragmento del anterior. Cuando concebí el libro tuve la idea estética de que el libro fuera una letanía que prende en esas páginas en blanco; como una música que fluye de la nada y regresa a la nada. Y creo que mi poesía es un rezo interior, un estado incontenible y destructivo, que necesita el exorcismo de la escritura, pero sigue en mí porque pertenece al mundo de las cosas, a cómo interpreto el mundo de las cosas. No podría recomendar un poema. El lector es quien elige y sobrevive después de leer. Yo, hace tiempo, que dejé el mundo de Luz de los escombros y el poemario parece que no lo haya escrito yo. No me preguntes por qué.

4.8.12

ANTONIO MURGUI "LA SOLEDAD ES UNA AMANTE INOPORTUNA"



Los libros mojados es la primera novela del profesor de Útiel residente en Puçol, Antonio Murgui, un libro en el que su autor desde los laberintos de la memoria describe el universo personal y familiar de un individuo egoísta y desarraigado que a vendido su alma al diablo por alcanzar el éxito social.
P.-¿Por qué el título de Los libros mojados?
R.-El título responde  en la novela a una doble intención semántica del término. Una más real, basada en una experiencia personal mía de mis aproximadamente 5 ó 6 años, que he trasladado a la novela: El niño César, una tarde, al salir del colegio, mientras juega con el resto de amigos, se encuentra ante la desagradable sorpresa de que su cartera está sumergida en el estanque. Al sacarla, se encuentra con todos los libros mojados e inservibles. Este hecho constituye el material narrativo de una de las secuencias de la novela, que lleva ese título precisamente.
Posteriormente, un César ya adulto, rememora el fotograma de su infancia de los libros en el estanque y metaforiza la inutilidad de los mismos con la inutilidad de su vida presente. Sería algo como formularse el siguiente razonamiento: tanto estudiar para llegar a esto, o, para este viaje no hacían falta alforjas.
P.-¿Cómo has estructurado tu novela?
R.-Yo creo que, aun sin haberme propuesto en conciencia un plan predeterminado, la novela sí ofrece una estructura encuadrada y abierta a la vez. Encuadrada porque el tiempo narrativo se abre y se cierra con  secuencias que llevan el mismo título: Cuarenta años. Por lo demás, la novela está dividida en dos partes claras: la primera, bastante más extensa, donde un narrador omnisciente recoge las vivencias del protagonista en su edad infantil y adolescente; y la segunda, donde un César ya adulto se hace el dueño absoluto de la narración  en segunda y primera persona. A su vez, la novela utiliza doble tipología gráfica que responde, precisamente, a una forma directa y clara de distinguir a estos distintos tipos de narrador. Y en cuanto al final, es totalmente abierto, lo que permite al lector intuir lo que va a ocurrir, y al autor, elaborar el boceto para una segunda parte para la novela.
P.-¿Quién es César Frías y cómo lo definirías?
R.-César Frías es el protagonista total y absoluto de la novela. Es en primer lugar el niño aplicado en los estudios, responsable, y  sabedor, desde la más tierna niñez, de que en ese pueblo vinatero donde ha nacido, estará condenado a trabajar las haciendas de los ricos del lugar, como le advierte constantemente su padre. Pero éste también le ofrece la única salida a esta situación: la de estudiar para hacerse un adulto independiente y con posibilidad de elegir. Y le advierte que sólo lo conseguirá si se convierte en una persona formada y “de provecho”. El niño coge el testigo y opta por esta segunda opción.
Sin embargo, al César adulto, tras el imparable ascenso profesional y social en que se encuentra, le sobreviene el tener que enfrentarse a la primera cornada grave de su vida: fallece de manera repentina su madre y se entera, como el que no quiere la cosa, de una grave enfermedad que aqueja a su padre. Éste es un punto de inflexión en su ocupadísima vida, se opera en él un intenso proceso de introspección que lo llevará a cuestionarse su actual existencia en todos los aspectos. Y el lector lo encontrará, al final de la narración, dispuesto a darle un giro copernicano a todo.
P.-¿Crees que una desaforada ambición personal nos condena a la soledad más absoluta?
R.-En la novela sí se da esta circunstancia, en la vida real yo no diría que de manera tan sistemática. Pero pienso que los seres humanos sólo somos capaces de establecer relaciones familiares y sociales sólidas y duraderas si no están basadas en la ambición y el interés crematístico. Si sucede esto último, siempre acaban por desvanecerse cuando se ha conseguido lo que se pretende del otro. Se trata por  tanto de relaciones compradas a un alto interés. La ambición sin control de César, le hace desligarse de padres y hermanos, liquidar  su matrimonio en brevísimo tiempo, renunciar al establecimiento de un relación duradera con Victoria y  paralelamente, entablar relaciones viciadas por el chalaneo y  las vendettas profesionales.  Por lo que al final se da cuenta de su carencia de afectividad y de su total y absoluta soledad.
P.-¿Es monolítica la soledad o tiene distintas facetas?
R.-Es polifacética e incluso paradójica. Hay soledades que producen un inmenso sufrimiento: la de los ancianos que pierden a la pareja con la que han compartido toda su vida; la de las mismas parejas que se ven atenazadas por la incomunicación a las que la convivencia se convierte en un suplicio; la soledad del protagonista de mi novela; la soledad de los ídolos caídos; la soledad del inmigrante que abandona sus raíces para saborear las mieles, o las hieles,  de un mundo mejor. Pero también creo que, paradójicamente, hay personas a las que la soledad enriquece porque la conciben como una mayor libertad para su disfrute personal.
En definitiva, la mejor definición de la soledad y en menos palabras la da el maestro Sabina cuando habla de esa amante inoportuna que se llama soledad.


P.-Desde tu punto de vista, ¿Fue más dura la  Guerra civil o la larga posguerra?
R.-Este es otro tema de la novela que me parece importante resaltar.
El tío Manuel, personaje importante de la novela, pertenece a la última generación que podrá dar testimonio de la guerra como un acontecimiento vivido. Cuando ella desaparezca, no quedará nadie en circunstancias de hacerlo de manera directa. Yo, evidentemente no la viví, ni tampoco viví los primeros años de la posguerra, que fueron los más duros. Por lo tanto tengo que fiarme de lo que dice mi personaje: “después de la guerra fue peor”.  O lo que es lo mismo, bien que la guerra fue una lucha fratricida, monstruosa como cualquier guerra, que duró tres años. Pero la posguerra fue mucho más dilatada en el tiempo, un monstruo disfrazado de venganza, sufrimiento, hambre, humillación y juicios sumarísimos contra el bando perdedor.
P.-Tu novela habla de un tema que, por desgracia, vuelve a ser de actualidad: la inmigración. ¿de qué manera afecta a los personajes de tu novela?
R.-Como muy bien dices, la desgracia de la inmigración vuelve a cernerse sobre las cabezas de muchos ciudadanos de nuestro país que no encuentran maneras de subsistir aquí. Jóvenes muy bien preparados, con un alto grado de formación están barajando, o la tienen asumida ya, la alternativa de emigrar. Pero mi novela refleja el éxodo que se produjo en España en los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta.
En circunstancias distintas a las actuales, El padre de César también decide emigrar a finales de la década de los cincuenta, pero, a diferencia de los jóvenes de hoy, Cesáreo es analfabeto. Y a pesar de ello, descubrirá el abismo en calidad de vida y desarrollo que nos separaba entonces del resto de Europa, y siempre se sentirá agradecido al país que lo acogió. Sencillamente porque las condiciones de vida en España eran durísimas para él. Pero, por desgracia, poco dura la alegría en casa del pobre, y Cesáreo debe regresar al pueblo con las orejas gachas porque Elisa no acepta acompañarlo.
P.-Tú eres profesor, pero también has sido alumno. ¿Qué papel juegan los profesores del protagonista?
R.-Efectivamente, soy profesor desde hace veintiséis años, justamente la misma edad con la que empecé a trabajar en la profesión; luego media vida la he pasado ya dando clase.
Yo creo  que los profesores de los que habla la novela podían ser, como ocurre ahora, o bien personas que disfrutaban con la profesión y se entregaban a ella, o bien todo lo contrarío. Unos te invitaban a aprender, y aprendías  y otros te disuadían de ello, como ahora. Tal y como nos cuenta el narrador, El personaje de El Culebras correspondería al profesor cercano y afectivo con el que se dan las condiciones ideales para prender si existe predisposición por el alumno, mientras que el polo opuesto lo encontraríamos en tiránico e incompetente Mediometro.
La diferencia entre los profesores de César y los de ahora no existe a nivel de competencias profesionales; lo que existe es una gran discordancia entre la concepción y valoración que la sociedad tiene de la figura del profesor. Antes gozaba de un gran prestigio y autoridad. Ahora la tarea del profesor suele estar más cuestionada tanto por los alumnos, que tienen muchos más estímulos externos nocivos para el aprendizaje; como,  y  sobre todo, por los padres.
P.-Esta es tu primera novela ¿cómo has vivido la experiencia de escribir?
R.-A pesar de que la novela acaba de publicarse ahora, y gracias a la confianza que la editorial Germania ha depositado en ella, le empecé a escribir nada menos que en el año noventa y cuatro. Con un montón de folios reciclados, que iba emborronando en su reverso con el lápiz y la goma. El ordenador me merecía entonces un gran respeto, pero no tardé en utilizar uno antediluviano que heredé de mi hermano Javi. Y pronto me convencí de las enormes ventajas de este utensilio. Hoy es una herramienta imprescindible para los que nos dedicamos a escribir.
Creo que el hecho de escribir es una actividad consustancial y desprovista de todo fin para el escritor. Por mi parte nunca me propongo sino disfrutar escribiendo, y nada más. Si, por añadidura, como me ha ocurrido a mí, alguien con criterio como un editor, considera que lo que escribes es publicable, miel sobre hojuelas.
P.-¿Cuáles son tus autores de cabecera?
R.-Bueno, este tipo de preguntas son las que siempre se suelen contestar con el tópico de elaborar una lista jerarquizada de autores preferidos.
En mi caso, sí que es cierto que sobre mi mesita de noche siempre hay un libro o dos y leo, sobre todo narrativa. Intento descubrir autores nuevos o releer antiguos en los que siempre encuentras nuevos matices. Procuro huir de un best-seller  y de autores extremadamente prolíficos. Pienso que un buen libro siempre lleva un proceso mínimo de elaboración y maduración.
Pero si me pides autores o títulos, te diré que ahora tengo sobre la mesa el último libro de Almudena Grandes, autora de la que me gustó especialmente El corazón helado. No hay libro que publique Muñoz Molina que no me compre. Me dejó noqueado en mi juventud Cien años de soledad. Devoré muchos libros de Juan Carlos Onetti al socaire de haber leído La vida breve. Y en ninguna de sus novelas me ha sobrecogido el pesimismo del que algunos hablan, antes bien, me ha reconfortado el mundo sanmariano que él creó.  Y, como Juanjo Millás, también daría mi mano izquierda por haber sido capaz de escribir una sola línea de La vida breve.

27.3.12

Manuel García Pérez: “Procuro siempre en mis obras no caer en las concesiones de una novela juvenil estandarizada”


El escritor oriolano Manuel García Pérez acaba de editar una nuevo libro de ficción en la colección Barraca de la editorial Germania, se trata de una novela breve pero intensa en el que el autor nos retrata la frustración vital de una generación en un mundo en el que la superficialidad de las relaciones sociales arrastran al individuo hacia las trampas de la soledad y de los paraísos artificiales.

P.- ¿Por qué Rostros de tiza?
 El título está influido por una frase que, en la novela Confesiones del estafador Felix Krull, usa uno de mis escritores favoritos, Thomas Mann, para describir el rostro de las prostitutas. Esa metáfora tan hermosa y a la vez tan macabra ilustra el contenido de esta breve novela donde la adolescencia se mueve entre la efusividad y la frustración, entre la emoción y el fracaso de las relaciones. En definitiva, se trata de romper con la idealización que los medios difunden sobre la juventud con fines comerciales para describir una generación de jóvenes, a la que pertenecí, que no encuentra su lugar en el mundo, a la que se le acusa de frívola, pero que sufre intensamente porque el aprendizaje y la madurez en la vida no están exentos de dolor e incomprensión. Y esa es la juventud que me he encontrado y sigo encontrándome también en las aulas.
P.- ¿Qué influencias ha recibido como narrador y cuáles cree que transcienden en esta novela?
 M.G.- En Rostros de tiza, la influencia de la novela negra y la presencia de sus adaptaciones cinematográficas son intencionadas. La música tecno y la composición de planos que encontramos en algunos vídeo-clips están presentes también en este texto. En mi narrativa, los autores norteamericanos de la Generación perdida se filtran constantemente por la fluidez de su prosa y la crudeza de sus descripciones.
  Procuro siempre en mis obras no caer en las concesiones de una novela juvenil estandarizada. Lo macabro, la muerte, la incomunicación así como un lenguaje elaborado son constantes expresivas en esta obra que la alejan de la frivolidad, los coloquialismos y la falta de personajes complejos que hallamos en muchas obras literarias dirigidas a estudiantes de ESO y Bachillerato.
P.- Tengo la impresión que hay en todo el libro como una luz crepuscular que crea una atmósfera claustrofóbica, ¿lo cree usted?, ¿es intencionada?
 M.G.-El paisaje de la playa y las tonalidades de luz influyen en el comportamiento de los personajes, determinan su conducta y, en ocasiones, sucede al contrario: el ánimo de los protagonistas erosiona ese paisaje crepuscular. De hecho, cada capítulo, pese a su brevedad, está cargado de símbolos donde los sentimientos y los presentimientos se asocian al carácter de cada gesto, de cada palabra y de la propia acción. Es una técnica que he ido asimilando de los escritores realistas y naturalistas donde el determinismo del espacio actúa sobre el comportamiento.
P.-Los personajes tienen un aire melancólico, un aire de perdedores atrapados en un destino oscuro.
 M.G.- Sí, es la concepción que tengo de la juventud y que en verdad se ajusta a la realidad por mi experiencia docente durante estos años con toda clase de grupos y edades. Recuerdo particularmente que, en mi caso, la adolescencia, al igual que en mi grupo de amigos, fue frustrante, vacía, pero al mismo tiempo había en nosotros un entusiasmo inconsciente, una ilusión congénita por conocer y experimentar que ahora echo de menos. La muerte, el dolor de las rupturas sentimentales, la falta de autoestima, por ejemplo, se mezclaban con la afectación, con la impulsividad, con la sensualidad, con un apego incondicional hacia la música y a la noche como un lugar de encuentros. La noche era y es un símbolo de esa necesidad de vivir siempre en los márgenes, en la oscuridad, en el anonimato. En verdad no queríamos ser visibles al resto del mundo y así sigue sucediendo.

P.- Rostros de tiza nos habla de gente joven pero el lenguaje que utilizado por usted no lo es, ¿por qué?
 M.G.- Porque no quiero que mis obras formen parte de un género estandarizado que infravalora la inteligencia y la sensibilidad de los jóvenes. Creo que la literatura es complejidad, creación, densidad expresiva y la literatura que se está elaborando actualmente para jóvenes antepone la comercialización a la inquietud y al esfuerzo que en sí mismo encierra el hecho de leer y de escribir. Se está presuponiendo que nuestros jóvenes, mis alumnos y vuestros hijos no merecen ni necesitan una literatura con un grado de exigencia notable que influya en su pensamiento crítico y en su esfuerzo por aprender. Por esta razón, en Rostros de tiza es cierto que aparecen descripciones de discotecas, muchos nombres de DJs, escenarios noctámbulos, violencia y exhibición de la belleza, pero todos estos elementos están expresados con un lenguaje complejo, lleno de matices poéticos, de referencias literarias y cinematográficas constantes. Al menos lo he intentado como en anteriores obras.

P.- La música y el baile tienen una presencia muy destacada en el libro ¿por qué?
 Porque es connatural al hecho mismo de ser joven. La música, con sus sensaciones, con sus letras, es un estímulo continuo de aprendizaje. La música identifica a una generación, socializa los grupos por sus preferencias, por su forma de vestir y de hablar. Por otro lado, el baile, he observado siempre en pubs y discotecas, tiene mucho de sensualidad, de acercamiento físico, pero también es una forma de aislarse, de huir de la rutina, de olvidar los problemas que nos preocupan. En las pistas de baile, encuentras muchos solitarios y perdedores que no encuentran su alma gemela, que bailan sin cesar porque seguramente no saben otra cosa mejor qué hacer en ese instante, cuando las desgracias los apremian. Para mí, el baile es olvido, ausencia y una forma de expresar la angustia dentro de la belleza y la exaltación de los movimientos.
P.- La familia y el grupo encorsetan en exceso a los personajes, ¿por esta razón se hace necesaria la huida?
M.G.-En Rostros de tiza, la familia de Mónica, por ejemplo, es una farsa y un fracaso que potencia la violencia, la inseguridad y la incomunicación de los hijos. Para la madre de Elena, por el contrario, son los hijos el fracaso personal de toda una vida de esfuerzos y sacrificios. La entrega hacia ellos se ve compensada tristemente por una soledad no buscada. En la vida, según crecemos, los intereses económicos se van agudizando; la espontaneidad y la sinceridad que caracterizan a los jóvenes van desapareciendo y “ser adulto” es vivir también en la oscuridad de la noche. La huida para los hijos se hace necesaria entonces. En mis personajes, esa huida viene condicionada por la muerte y por la culpa, y los padres no tienen capacidad de reacción cuando sus hijos toman decisiones tan determinantes. Ser testigo de esas despedidas imprevisibles puede ser terrible.
P.- Ha escrito un libro sobre jóvenes para jóvenes o ¿es un libro también para ser leído por adultos?
 M.G.-La novela parece dirigida a jóvenes, y es cierto que la puede leer cualquier adolescente, pero al concebir un lenguaje denso, unos personajes difíciles y una trama realista nos desvinculamos de esa novela hecha exclusivamente a alumnos, así que, como en otras de mis obras, el número de lectores adultos va aumentando con los meses porque intento sobre todo escribir literatura, no escribir literatura para jóvenes.
 Por tanto, por un lado, el público adolescente valora el esfuerzo de leer una obra compleja que atienda a sus propios intereses y al mismo tiempo el lector adulto valora esta novela como un trabajo literario que desmitifica ideas preconcebidas en los medios, como que la juventud es una etapa feliz, rebelde y de plenitud; al contrario, Rostros de tiza nos muestra el lado oscuro, perverso, injusto y frustrante de toda una generación de adolescentes a lo largo de varios años.

25.11.11

ANTONIO SANCHIS, AUTOR DE HISTORIA DE LA MALVARROSA



El jueves 24 de noviembre, en el Ateneo del Cabanyal, Antonio Sanchis Pallarés presentó el libro Historia de la Malvarrosa. Nacida del agua,  un estudio en el que de una manera amena, eficaz y directa explica las diversas vicisitudes  que ha vivido y se han vivido a lo largo del tiempo en este barrio marinero de la ciudad de Valencia. Con Antonio hemos tenido la oportunidad de hablar sobre el largo proceso de documentación y redacción de este extenso trabajo editado por Germania en la colección “Vuit fulles”.

P.- ¿La Malvarrosa se merecía el esfuerzo titánico que usted ha realizado para escribir un libro como este?
R. Rotundamente, sí. Los motivos son fáciles de advertir en el transcurso de la lectura, pero anticipemos algunos puntos fuertes de esta importancia:
1.- La transformación a que la sometió Robillard, que de un marjal la convirtió en un jardín;
2.- Su elección por Sorolla y Blasco para el desarrollo de su actividad
3.- Su decisiva importancia en la vida sanitaria valenciana, con la fundación del Asilo de San Juan de Dios y lo que ahora es el Hospital de la Malvarrosa, que en sus inicios era un proyecto de Ciudad Residencial.
4.- Su Papelera, que aglutinó a centenares de trabajadores, muchos de ellos venidos de Peñarroya Pueblo Nuevo de Córdoba, y que jugó un papel decisivo en el movimiento obrero valenciano.
5.- Su actividad pionera tanto en el movimiento obrero como en el ciudadano, con su decisiva participación en los movimientos por conseguir el Saler para el pueblo, un cauce del río Turia como jardín y no como autopista; un Paseo Marítimo también como alternativa al frustrado proyecto de autopista por la playa.
6.- Sus gentes, que han conseguido convertir un marjal en un barrio habitable.


P.- ¿Que le motivó a enfrentarse a un proyecto como este?
R.- A excepción de los labradores, los habitantes de Malvarrosa vivían ahí desde después de 1939 y a duras penas conocían su historia. Ni siquiera sabían el origen de su nombre. Tampoco yo lo sabía y me impuse la tarea de descubrirlo.

P- ¿Cuando se puso a trabajar en este libro tenía ya claro como organizaría toda la información que recabase?
R.- Ni muchísimo menos. Ni yo tenía un método académico ni la información que pudiera existir estaba ordenada en ningún archivo. Fue un trabajo de pionero, y a medida que adquiría datos iba pensando la manera de clasificarlos. Prácticamente mi principal y primera fuente de información fueron los varios cientos de entrevistas personales. Iba preguntando y ante mí se abría un pasado sepultado del que quedaban pocas huellas, pero fui accediendo a la vía férrea del Puig, a la fábrica de Ballesteros, a Robillard, a la Papelera, a Blasco, al Barriet, al campo de aviación...

P.- ¿Cuanto tiempo le costó recopilar toda esta extensa y variada información sobre la Malvarrosa?
R.- La suficiente para ir redactando unos 10 años, aunque ello incluye mi primera incursión por los senderos del Cabanyal, pues había oído decir que Malvarrosa se había llamado antiguamente Pueblo Nuevo del Mar. Era una pista interesante, que resultó ser inexacta pero que abrió unas perspectivas de largo alcance. El paso siguiente era lógico: estudiar el Grau. Y el actual está siendo Natzaret.

P.- ¿A que archivos recurrió?
R.- El fundamental fue el Archivo General de Protocolos, es decir, toda la colección de escrituras notariales donde se hablaba de la compra venta de todas las parcelas de la Malvarrosa. Y luego el acceso al archivo histórico municipal, sobre todo las licencias de obras, y las entrevistas con familias importantes en el pasado de la zona. Además de Robillard, la familia Caro, la de Dupuy de Lome, la de Blasco Ibáñez, Mariano Pérez Feliu...

P- ¿Cuáles fueron las principales dificultades a las que se enfrontó para escribir este libro?
R.- La falta de datos estructurados. Poco a poco descubrí que había algo en Martínez Aloy, en Teodoro Llorente, en el mismo Joan Fuster, en Elías Tormo, en el Arzobispado, en la prensa. Una dificultad adicional fue la de encontrar editor, sobre todo en una fase en la que tenía prácticamente unidos todos los datos sobre Malvarrosa, Cabanyal y Grau. Tuve que desglosar y aun así pasé varios años buscando editor. Como el de Malvarrosa tuvo buena aceptación ya fue más fácil editar los del Cabanyal.



P.- Una vez publicado el libro ¿se siente usted satisfecho de su trabajo? ¿O por otra parte piensa que se le han quedado muchas cosas en el tintero?
R.- Muy satisfecho. Pero, efectivamente, se han quedado muchas cosas en el tintero. He tenido que prescindir de muchas cosas y ahora se podría pensar en un nuevo libro, que resumiera lo ya publicado y añadiera nuevos datos y también mucho y mejor material gráfico. Incluso un libro de alguien que quisiera tomar el relevo

P- ¿A un lector que no sea residente o natural de la Malvarrosa que le diría para recomendarle la lectura de este libro?
R.- Malvarrosa todavía sigue siendo una gran desconocida, pero ha jugado un papel fundamental en la historia de Valencia, tal como hemos visto en las respuestas a las siete preguntas anteriores. Malvarrosa tiene todos los ingredientes para ofrecer una lección de vida, una interesante colección de anécdotas vitales, un microcosmos de lo que es nuestra ciudad y nuestra historia.

16.6.11

PASQUAL MAS, AUTOR DE CONTRACUENTOS

(Pasqual Mas en Bomarzo, fotografía de Lola Torres)

A lo largo de su ya dilatada trayectoria ha publicado novela, teatro, poesía, narrativa breve... ¿En qué género literario se encuentra más a gusto?
Depende de la distancia que me exija el tema. La poesía me permite una mayor concentración de lo pasional, sobre todo de la rabia. Este proyecto responde a un mandamiento que proviene de Lord Byron y que se concentra en la siguiente pregunta: “¿Por qué demonios alguien ha fabricado un mundo como el nuestro?”
Cuando siento la necesidad de plantear un problema en vivo doy la voz a los personajes para tenerlos delante en el teatro. La escena va más allá, porque no sólo se piensa en palabras, sino en una serie de elementos extralingüísticos que tienen tanto poder o más que lo expresado de viva voz.
Y, cuando necesito crear una nueva realidad, recurro a la novela. Quizá es el proceso más intenso, tanto en tiempo como en dedicación; uno necesita morirse en la escritura para alumbrar una novela sincera que, tal vez, alcance el arrabal de la perfección. En todo momento, eso sí, la arquitectura del universo que se construye, por increíble que parezca, siempre está basado en nuestra experiencia; como dijo el poeta: hay otros mundos, pero están en éste.
Finalmente, los relatos, que son el motivo que nos trae, me sirven para romper las barreras entre realidad y ficción, si acaso no son lo mismo. Moverse en la frontera, en el filo de posible, se nutre de una serie de situaciones que me permiten acotar un segmento en el que todo cabe, en el que cualquier cosa puede pasar, en el que nada es imposible y en el que lo “verdaderamente real” resulta improbable. Además el relato impone contención, ir al grano, al nervio que genera la pulsación de su argumento. El relato es como un globo de chicle que hay que hinchar con prudencia y sin taras, pues cualquier exceso lo hace explotar y cualquier insuficiencia ni siquiera lo hace crecer; pero dentro de esa esfera se concentra todo su sabor. Cada globo es único, irrepetible; cada relato nos dice sus dimensiones exactas.
¿Qué diferencia hay entre un cuento y un «contracuento»?
Hay autores que definen el “contracuento” como la versión de un cuento tradicional, por ejemplo cuando se reescribe Caperucita roja y el lobo se asocia con la abuela para escarmentar a la niña por desobedecer a su madre. Enmendarle la plana al autor clásico es sólo una de las puertas que llevan al “contracuento”, pues también los relatos que rehúyen lo fantasioso se apartan de la idea de “cuento” basado en un mundo irreal y cuyo argumento sugiere una enseñanza moral. Aquí las situaciones son de lo más verosímil –nada de lobos y carrozas- y los “relatos” imponen una lógica que a veces deriva hacia lo fantástico, como en “La mancha” o se ahogan en la más cruel de las realidades, como en “El enemigo público”.
¿Sus «contracuentos» nacen de la realidad y por el contrario nacen contra la realidad?
Yo defino mis «contracuentos» con una especie de «ficción real». Es decir, historias que brotan de la realidad cotidiana, de la observación de sucesos que no parecen lo que son o que son malinterpretados, y generan un hecho extraordinario. ¿Cuántas veces hemos visto o vivido situaciones que si nos las contaran no nos las creeríamos? Hay algo mágico en la realidad, un halo de perplejidad que digerimos con una naturalidad pasmosa. Que podamos hablar con una persona que se encuentra a miles de kilómetros lo vemos como algo natural y, sin embargo, hay algo fuera de lo inteligible, algo que se nos escapa, algo mágico, si se quiere, que está flotando en esa conversación. A mí me interesa ese proceso, ese instante en el que lo cotidiano adquiere un nivel extraordinario y se convierte en material literario. Lo que ocurre es que en el momento que lo cuentas y te sales de la realidad es percibido como algo ficticio, improbable, imaginario… pero está tan cerca lo uno de lo otro; a veces, como en «El enemigo público» todo depende del punto de vista de quien mira algo tan natural como un reparto de... También es cierto que, a veces, parto de la ficción. «El amo del desierto», en realidad, es fruto de una visita al taller del pintor Carles Abad; todo lo que aparece en el relato está pintado en los cuadros de la exposición que estaba preparando. Me dijo que por qué no le escribía unas palabras para el  catálogo de la exposición y le escribí un relato: ficción con ficción se paga.
Todas sus narraciones están fechadas ¿responde esto a una costumbre heredada de su oficio como estudioso y crítico literario o es un aspecto de una personalidad marcada por el gusto por el orden y el detalle?
Normalmente siempre guardo la fecha de redacción  y finalización de un trabajo sea del tipo que sea. Lo que ocurre es que casi nunca aparece en la edición final y, si aparece, suele ser la de la última revisión: hasta ese momento no está acabada la obra, aunque haya estado medio año esperando ese punto final que es la antesala de la imprenta. En Contracuentos, de alguna manera, he roto con la costumbre, pues cada uno de los relatos lleva su fecha e, incluso, el lugar en el que lo escribí. Más que la fecha, lo importante para mí es el lugar: existe una geografía que forma parte de mi experiencia tanto vital como artística y he querido rendirle homenaje. Hace un par de días estuve en Bomarzo: si uno escribe algo en esos jardines sagradamente infernales, ¿cómo no reseñarlo? ¿Cómo no establecer un compromiso de filiación entre lo escrito y el lugar en el que fuera pergeñada una obra? La fecha es menos importante.
Usted se ha encargado de la traducción de su libro ¿Con qué dificultades se ha encontrado?
Tuve una mala experiencia con la traducción de uno de mis libros y, desde entonces, he traducido una novela y, ahora, los relatos de Contracuentos. Me refiero a las traducciones al castellano, claro; otra cosa es con el francés o con el rumano, otras lenguas a las que se han traducido mis obras. En esta ocasión, me he visto en la necesidad de compaginar la idea de traducción con la de versión. He buscado ir más allá de la mera traslación de una lengua a otra, de un código a otro, y he trabajado sobre la atmósfera cultural de la lengua de recepción, en este caso el castellano. Se trata, por tanto, de reescribir los relatos en otra lengua, más que de traducirlos. Así se es mucho más sincero en el resultado del texto literario y el lector recibe el mensaje según su contexto cultural.